Las razón por la cual me gusta leer a Antonio Machado es que a pesar de que nuestras vidas son diferentes y de que ni siquiera lo conozco ni lo pude haber conocido porque murió en 1939, pensamos lo mismo. Yo lo siento: él lo escribe. Es decir, lo escribió y lo sintió y no nos conocemos y no somos iguales pero sentimos lo mismo, quizá yo no tenga dotes de poesía pero para eso estuvo él y su talento y nuestros corazones están estrechamente ligados.
Mi única tristeza es saber que cuando él hablaba solo es porque (según él) hablaba con dios (y asumo que eso era un alivio y un apoyo para él). Yo no hablo con dios, yo no creo en dios, yo hablo conmigo misma y nadie está cerca y nadie lo escucha y nadie nunca lo escuchará.
LXXXVI
Eran ayer mis dolores
como gusanos de seda
que iban labrando capullos;
hoy son mariposas negras.
¡De cuántas flores amargas
he sacado blanca cera!
¡Oh, tiempo en que mis pesares
trabajaban como abejas!
Hoy son como avenas locas,
o cizaña en sementera,
como tizón en espiga,
como carcoma en madera.
¡Oh, tiempo en que mis dolores
tenían lágrimas buenas,
y eran como agua de noria
que va regando una huerta!
Hoy son agua de torrente
que arranca el limo a la tierra.
Dolores que ayer hicieron
de mi corazón colmena,
hoy tratan a mi corazón
como a una muralla vieja:
quieren derribarlo, y pronto,
al golpe de la piqueta.
Antonio Machado del libro Soledades.
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